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Libro del Apostolado de Alabanza con María

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¡AVE! LLENA DE GRACIA 

María, como Madre, utiliza todas nuestras ofrendas para agradar por ellas al Padre Celestial y así interceder por Su Misericordia por todas las almas y salvarlas, haciendo que más personas Le amen y Le de gloria toda la creación para así recibir todas las gracias con las que Él nos pensó y nos dió todo lo que era Suyo.

 Durante una hora aproximadamente, en un Centro donde haya personas mayores,  preferiblemente Residencias, nos unimos  en Oración,  para Alabar y Bendecir al Padre Celestial, en una acción de gracias nacida desde la humildad de nuestro ser; siempre en  unión con el   Corazón de Jesús. Y lo hacemos con María que es la mejor “Maestra” para guiarnos, Ella que con su “Fiat” hizo de su vida  un  sacrificio y entrega a la Voluntad del Padre, y  que  entonó  el  gran canto de Alabanza  que  es  el  Magníficat.

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Sor María Rafaela de los Dolores y Patrocinio

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María Rafaela de los Dolores y Patrocinio, más conocida por Madre Patrocinio, “la Monja de las Llagas”, nace en la Venta del Pinar, en San Clemente, provincia de Cuenca, (España) un 27 de abril de 1811. Su madre, Doña Dolores Capopardo, en estado avanzado de gestación, la dio a luz en su huida precipitada de la corte, pero dejó abandonada la criatura en la tierra nevada y fría del campo manchego, donde fue hallada por su padre, Don Diego de Quiroga, empleado en la corte, que seguía las huellas de su  esposa, pero en distinta cabalgadura por motivos de seguridad; él la recogió del suelo, desnudita aún y llorosa, y la llevó consigo. Y en el mencionado pueblo de San Clemente situaron sus reales, mientras la guerra de la independencia se desarrollaba en España y retornaran los reyes de Francia. Terminada la contienda, pasaron a vivir primero en Chinchilla y luego en Valencia, en conformidad con los nuevos destinos que el padre iba recibiendo por decisión de los monarcas, de los que dependía. Muerto prematuramente su progenitor, cuando más le necesitaban la viuda y los cinco hijos habidos en el matrimonio, se vieron obligados a retornar a Madrid, pero menguados en hacienda y dineros a causa de las guerras, traslados y nueva situación.

La joven María de los Dolores debe organizar su vida en Madrid, con no pequeñas dificultades que la obligarían a consumar su inmolación y a tomar decisiones graves e importantes en plena juventud.

Antes de ingresar y durante los primeros años de religiosa tiene que vivir el ambiente de la vida nacional, más duro porque ha empezado su calvario particular, que la va a marcar definitivamente: Tan grande era su amor y identificación con Jesucristo, que reproduce vivamente en su propia carne las llagas o estigmas de la Pasión del Señor desde el mismo año del noviciado hasta su muerte, a los 80 años. Así quedó conocida como ‘La Monja de las llagas’. Todavía se conservan muchos paños manchados por la sangre de todas estas heridas que nadie pudo curar, no obstante que eminentes médicos lo intentaron sin conseguirlo.

Con el pretexto de acusar a la joven contemplativa de ‘Visionaria y falsaria’ la procesarían en un vil e ignominioso tribunal civil, que la condenó a largos destierros. El primero fue a Talavera de la Reina. Cuando volvió, sus hermanas de comunidad la eligieron abadesa cuando contaba apenas unos veintiséis años; mantuvo el cargo hasta la muerte y siempre por votación unánime.

Las grandes dotes de gobierno, la sabiduría y la gracia de Dios que siempre la colmó de sus dones, pudieron sacar a flote a un ejército de Concepcionistas, mientras en Francia los prusianos la invadían y mataban a mansalva a sacerdotes y hasta obispos, incluyendo entre estas muertes la del Cardenal de París.

Colmada de trabajos y persecuciones, retornó felizmente a Guadalajara, a su Monasterio que de nuevo había sido destrozado por las hordas libertarias. Reconstruido el Monasterio, se le van consumiendo los años y la vida. Repleta de méritos, rica en tesoros de gracia sobrenatural, cumpliendo las’ palabras de San Pablo ‘sólo nos podemos gloriar de nuestros sufrimientos’, caía en los brazos del Padre con la suavidad de un sueño plácido la madrugada del 27 de enero de 1891.

Monseñor Esténaga, Obispo de Ciudad Real, que prologó el mejor libro escrito sobre la Madre Patrocinio, dice: “Admirable es Dios en sus Santos y por distintos caminos, sendas y carreras los lleva hasta la cumbre de la perfección. Si es maravilloso en todos, en Sor Patrocinio la maravilla raya a tal altura, que, muda la lengua y absorto el ánimo, no se acierta a otra cosa sino a alabar a Dios Nuestro Señor por esta obra excelsa de sus poderosas manos“.

Y el P. Solá, sj escribe: “No conozco mujer más fuerte y guerreadora: en su juventud, contra el demonio; en su edad adulta, hasta la muerte, contra sus emisarios, los hombres. En una y otra campaña, prolija, insidiosa, tenaz, ensangrentada, siempre triunfó por Nuestra Señora del Triunfo“.

Su fama de santidad crece más y más de día en día, y ahora con más claridad, a los cien años de su santa muerte. Confiamos en el feliz término de su proceso de beatificación, para gloria de Dios y de su Madre Inmaculada, en provecho de toda la Iglesia.

*Más información pulsando la imágen de la santa.